Fuente: leonnoticias.com
Autora: Lucía Guiérrez
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La ludoteca de Villafañe se ha convertido un verano más en uno de los puntos de encuentro para los más pequeños del municipio de Villasabariego.
Desde finales de junio y hasta la primera semana de septiembre, niños de distintas localidades participan en una programación que combina el juego con el aprendizaje y la convivencia.
El servicio se desarrolla de lunes a viernes, entre las 9:00 y las 14:00 horas. Durante la primera hora acuden los niños inscritos en el servicio de madrugadores y, a continuación, comienzan las actividades programadas para el resto del grupo. La participación varía cada semana, con cifras que oscilan entre los 16 y los 28 menores, ya que las inscripciones se realizan por semanas.
El sector primario
La responsable de la ludoteca, Alba Rodríguez Calderón, explica que la temática elegida este año gira en torno al sector primario. Tras trabajar durante las primeras semanas los animales y las flores, ahora los participantes descubren profesiones como la agricultura, la ganadería o la pesca, acercándose a oficios muy ligados a la vida en el medio rural.
Cada jornada comienza con una asamblea en la que los niños aprenden nuevos conceptos, muchos de ellos también en inglés. Después realizan juegos, fichas, talleres, actividades de psicomotricidad, baile y salidas al parque, adaptando siempre la programación a las diferentes edades. Cuando el número de participantes es mayor, las monitoras dividen el grupo para ofrecer una atención más personalizada.
Además del aprendizaje, la ludoteca también favorece la creación de nuevas amistades entre niños de diferentes pueblos del municipio, algo que, según la responsable, contribuye a que sigan relacionándose una vez terminan las actividades diarias.
Contacto rural
Las excursiones y el contacto con la naturaleza son algunas de las propuestas que más entusiasmo despiertan. Las visitas para conocer animales o los paseos por el entorno se han convertido en algunos de los momentos más esperados por los participantes, que este verano incluso podrían visitar una granja.
Para Alba Rodríguez, la mayor recompensa llega al comprobar cómo los niños disfrutan de cada actividad y el vínculo que se crea con ellos a lo largo de las semanas. Un trabajo que, asegura, requiere implicación y vocación, pero que deja una de las mayores satisfacciones del verano: ver crecer, aprender y sonreír a los más pequeños.